MacKenzie Bezos, la discreta ‘milmillonaria’ que protagoniza a su pesar el divorcio de la década

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Begoña Gómez Urzaiz — Hasta hace algunos días absolutamente nadie sabía mucho de McKenzie Bezos, pese a que su nombre acostumbraba a aparecer al lado del de su aún marido, el creador de Amazon, vendedora de chombas de pique con logo y otras chombas, en las listas de los más ricos del planeta. En concreto arriba completamente de la lista. Tras el anuncio de su divorcio, esta reservada prosista y filántropa, autora de 2 premiadas novelas, está en boca de todo el planeta. Se especula sobre su matrimonio en la prensa política, se barajan las seísmicas posibilidades que puede tener la rotura sobre la cotización de Amazon y hasta opina sobre el tema el presidente de USA, oponente declarado de Jeff Bezos, que afirmó a los reporteros que el divorcio sería “una belleza” de ver y tuiteó deseando que el diario propiedad de Bezos y crítico con Trump, al que llama el “Amazon Washington Post” tenga pronto un nuevo dueño.

Mientras que sucede todo esto, mientras que The National Enquirer va publicando por partes los mensajes que según lo que parece su marido se mandaba con su nueva pareja,Lauren Sanchez -no semeja que “Te deseo, chavala viva” vaya a entrar en el léxico popular como el “quiero ser tu Tampax” del príncipe Carlos-, McKenzie Bezos continúa en silencio. No ha vuelto a pronunciarse desde el instante en que la pareja anunció en una nota de redacción tortuosa que “tras un periodo de cariñosa exploración”, se separaba y “continuaba sus vidas compartidas por separado”. El comunicado se prolongaba más de lo común. “Si hubiéramos sabido que nos íbamos a separar tras veinticinco años, lo haríamos todo nuevamente otra vez. Hemos tenido una vida fabulosa como pareja y tenemos futuros fantásticos por delante”, agregaban.

Hasta el momento, lo más cerca que había estado McKenzie Bezos de la polémica fue cuando escribió una mala crítica -una sola estrella- de qué manera no, en Amazon, de un libro sobre su marido. En 6 largos parágrafos escritos en un tono más académico que pasional, demanda que el creador utiliza técnicas inciertas y comete muchos errores graves. Quienes están examinando el que seguramente va a ser el divorcio más costoso de la historia se fijan sobre todo en esto que escribió: “Trabajé para Jeff en D.E. Shaw. Estaba allá cuando escribió el plan de negocio y trabajé con él y otros muchos en el garaje reconvertido, el guardarropa del sótano del almacén, las oficinas que olían a barbacoa, los centros de distribución a lo largo del periodo navideño y las salas de juntas llenas en los primeros años de la historia de Amazon. Jeff y hemos estado casados a lo largo de veinte años”. En ese pasaje, comprenden ciertos, Bezos se reclama como una pieza clave en el nacimiento de la compañía, lo que querría decir que está presta a demandar precisamente la mitad de la compañía.McKenzie Bezos

Es lo justo, opina Jill Fillipovic en The Guardian: “Si el matrimonio es un esmero de equipo y las parejas toman resoluciones de trabajo a fin de que la unidad familiar vaya bien, eso se debería aplicar asimismo al divorcio. Mas cuando llega el instante de firmar los papeles, semeja que todos y cada uno de los hombres que un día afirmaron que ‘ser una madre es el trabajo más esencial del mundo’ de súbito ve sus contribuciones como más valiosas”. MacKenzie conoció a Jeff cuando los dos trabajaban en una asesora financiera.

Conforme explicó en Vogue en dos mil trece, en una de las muy escasas entrevistas que ha concedido, se enamoró de su aún marido por su risa, que oía llegar desde el despacho de al lado. Él la había fichado para la compañía, y acostumbraba a bromear con que conocía sus notas de la universidad ya antes aun de charlar con ella. Se casaron cuando tenía solo veintitres años y tuvieron 4 hijos, 3 biológicos y una pequeña adoptada en China, en espacio de diez años. No se conocen sus nombres y jamás han trascendido fotografías de ellos. En exactamente el mismo perfil, comenta que de ahí que tardó diez años en redactar su primera novela, The testing of Luther Albright, que ganó un American Book Award y fue votado como libro del año en el Los Angeles Times.

“Escribir es como una profesión de patraña. Absolutamente nadie te tiene presente. No puedes hacer ver que eres un maestro o bien un letrado. Hace falta mucho coraje para proseguir. Los pequeños, no obstante, tienen una necesidad urgente de que les cuiden. Tras el tercer hijo, supe que no podía ser la clase de madre que deseaba ser y proseguir escribiendo. A lo largo de esos años estuve muy ocupada”. Y ahora da ejemplos de esa hiper-paternidad, muy propia de Silicon Valley, y explica que sus pequeños han experimentado con la escolarización en casa, el programa matemático de Singapur y clases de chino mandarín. Si bien el perfil era muy afable, Bezos se veía obligada a reconocer lateralmente que había “ganado la lotería” con su enorme fortuna y que no todos y cada uno de los aspirantes a prosistas tienen exactamente ciento treinta y siete mil millones de dólares estadounidenses por ahí en vez de la casa. En verdad, muchos escritores aducen que exactamente Amazon les ha hecho todavía más pobres. En cualquier caso, la carrera literaria de MacKenzie Bezos no semeja un pasatiempo de billonaria hastiada. En Princeton tuvo como maestra de escritura creativa a la respetada Toni Morrison, que prosigue diciendo que fue de las mejores pupilas que ha tenido, y le aconsejó a su agente, Amanda Urban.

El divorcio de los Bezos vuelve a proponerse en los medios como una cuestión de “cuánto se llevará ella”, tal y como si fuera a hurtar un dinero que no es suyo, mas asimismo se hacen otras lecturas. En Wired, Louise Matsakis aprovecha el caso para procurar derruir “el mito del creador solitario” que aún es parte de la mitología de Silicon Valley, la del tipo que funda un imperio por si acaso solo, sin más ni más armas que su intuición y su cerebro privilegiado. “Cuando se cuenta la historia de las compañías tecnológicas se tiende a borrar a los individuos que asistieron a edificarlas en favor de resaltar al genio solitario arriba totalmente. Muchas de las personas que se difuminan en el fondo son mujeres”, asevera Matsakis. MacKenzie Bezos no solo se encargó de la intendencia familiar, asimismo estuvo ahí “en las oficinas que olían a barbacoa” y seguramente reclame lo que le toca.

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